Quien ve por primera vez un lago de las Rocosas canadienses suele sospechar que la foto está retocada. Ese azul turquesa casi irreal no es truco: lo produce el llamado “polvo de roca”, partículas finísimas que los glaciares van moliendo y que llegan flotando al agua, donde reflejan la luz de una forma única. Y el entorno está a la altura: el Parque Nacional de Banff, el más antiguo de Canadá, nació en 1885 alrededor de unas aguas termales, y hoy sigue siendo uno de los grandes templos del senderismo y la fauna salvaje, con osos, alces y águilas como vecinos habituales.
Canadá es además un país de contrastes enormes. Tiene más lagos que el resto del mundo junto, una costa que sumada a la de sus islas es la más larga del planeta, y ciudades modernas a pocos kilómetros de una naturaleza casi intacta. Todo ello con una cultura de la amabilidad que se ha hecho famosa: aquí el “sorry” es casi un idioma propio, y pedir perdón por tropezar con otra persona es lo más natural del mundo.

Hay un dato que confunde a muchos: la capital de la provincia de la Columbia Británica no es Vancouver, sino Victoria, una ciudad con aire británico situada en la isla de Vancouver. Es famosa por sus jardines, por el té de media tarde y por su puerto lleno de hidroaviones. La isla, además, es la mayor del Pacífico americano y uno de los mejores lugares del mundo para avistar ballenas y orcas en libertad.
Para los amantes de las tradiciones, el verano canadiense es una gran época. Calgary es la sede del Stampede, un festival de rodeo, carreras de carretas y ambiente vaquero que suele celebrarse en julio y que llena la ciudad de sombreros y música. Y Vancouver tiene algo casi único entre las grandes urbes: mar y montañas tan juntos que, según dicen los locales, se puede navegar por la mañana y esquiar por la tarde. Un buen resumen de un país que se disfruta a lo grande.
Con el siguiente enlace pueden acceder al itinerario completo: https://www.puentealpacifico.com/canada/private/grupo-exclusivo-canada-puente-al-pacifico-2027